La ruta parte de la localidad navarra de Zugarramurdi, un pequeño pueblo del valle del Baztán que destaca por su fuerte personalidad y su estrecha relación con la historia y la mitología. Tras aparcar el vehículo en las zonas habilitadas, iniciamos el recorrido a pie por las tranquilas calles del casco urbano. El paseo ya resulta agradable por sí mismo, con casas tradicionales de arquitectura vasco-navarra y un ambiente animado en torno a la plaza, punto de encuentro habitual de vecinos y visitantes.
Durante el recorrido atravesamos el pueblo y pasamos junto al Museo de las Brujas, un espacio muy recomendable para comprender el contexto histórico y social de los sucesos que dieron fama a la localidad. El museo ofrece una visión didáctica sobre la brujería, la superstición, la Inquisición y la vida cotidiana en el siglo XVII, ayudando a contextualizar lo que posteriormente veremos en las cuevas.
Continuamos hasta llegar a la entrada de las cuevas de Zugarramurdi, también conocidas como el Infernuko Erreka (arroyo del infierno). Tras abonar la entrada correspondiente, accedemos al recinto, donde el recorrido está perfectamente acondicionado y es circular, lo que permite visitar todas las cavidades sin dificultad.
El conjunto está formado por tres cavidades principales, creadas a lo largo de miles de años por la acción erosiva del agua del arroyo que aún hoy atraviesa la cueva. En primer lugar, encontramos la sala de los akelarres, situada en la parte superior. Se trata de un amplio espacio al aire libre que, según la tradición popular, fue escenario de reuniones nocturnas y rituales paganos. Su gran tamaño y su atmósfera evocadora ayudan a comprender por qué este lugar fue asociado durante siglos con ceremonias misteriosas.
Desde allí descendemos hasta la sala principal, la cavidad más espectacular del conjunto. Se accede a ella atravesando un túnel natural, y en su interior sorprenden las dimensiones del espacio, la humedad constante y el sonido del agua fluyendo entre las rocas. A diferencia de otras cuevas, aquí no abundan las estalactitas ni estalagmitas, ya que la cueva es de carácter superficial y está muy expuesta a la erosión.
Finalmente, el recorrido nos lleva hasta la cueva más pequeña, un espacio más recogido que completa la visita y permite observar de cerca la formación geológica del entorno.
A lo largo del recorrido también visitaremos un mirador con bonitas vistas al pueblo de Zugarramurdi.
Una de las características más singulares de las cuevas de Zugarramurdi es que no se encuentran en el interior de una montaña, sino que son cavidades abiertas, excavadas en la roca caliza a cielo abierto, lo que les confiere una apariencia única y muy diferente a la de otras cuevas tradicionales.
Zugarramurdi está profundamente marcada por su historia. En 1610, la Inquisición llevó a cabo uno de los procesos más conocidos de la historia de la brujería en la península, acusando a 40 vecinas del pueblo de prácticas brujeriles. Doce de ellas fueron condenadas a morir en la hoguera. Este episodio, fruto del miedo, la superstición y la represión de la época, ha convertido a Zugarramurdi en un símbolo de la persecución inquisitorial y ha alimentado la leyenda de las brujas y los akelarres que aún hoy forman parte de la identidad cultural del lugar.